Lechones Asesinos
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Occidente de Asturias


Día 3. Fecha del viaje: del 28 al 31 de Agosto de 2025

Puedes ver la página inicial con todos los artículos de este viaje al occidente de Asturias aquí.

Puedes ver el artículo de la segunda etapa de este viaje, de Campomanes a Cudillero, aquí.

Recomendaciones

  • Casa Miguel, en la playa de la Concha de Artedo, es un magnífico sitio para comer al borde del mar, o para desayunar, como hicimos nosotros. También tienen habitaciones para dormir allí.
  • Casa Tocho, en Puente de San Martín, es un fantástico sitio para comer en Asturias. Especialmente recomendado, como casa Generosa (del día anterior) para los amantes de la fabada y los muy comilones. No saldrás con hambre de allí.
  • Nos gustó mucho el mirador en forma de balcón de hierro que han puesto en lo alto del puerto de la Farrapona. Muy recomendable también hacer el camino hasta los lagos de Saliencia, aunque eso nosotros no lo hicimos por falta de tiempo.

Día 3

Nuestro hostal (hostal El Pozo se llamaba) era muy básico, no tenía servicio de comidas. Abajo a la izquierda podéis ver una foto del hostal, y a nosotros ya preparando las motos para salir. De todos modos, teníamos planeado desayunar en un sitio inmejorable, sin duda iba a ser el mejor desayuno del viaje, y eso que los había habido muy buenos.

La idea era acercanos a Casa Miguel, una pensión-restaurante situada en primera línea de la playa de Artedo, a apenas 9 km de Cudillero. Un desayuno en terraza junto a la misma playa, es una forma inmejorable de empezar el día. Y así fue como pasó, como podéis ver en el resto de fotos de abajo. Eso sí, la carreterilla para bajar hasta el establecimiento no es apta para gente con vértigo, tiene más desnivel que el Angliru que subimos el día anterior.

Alargamos un poco el desayuno, porque se estaba realmente bien allí, además estaba casi vacio. Emprendimos ruta, pero volvimos a parar en poco tiempo, en el mirador del cabo Vidio, en otros 9 km. Lamentablemente no se puede llegar con las motos hasta el mismo faro, es peatonal, pero sí que puedes llegar hasta un mirador desde donde hay buenas vistas de la costa y el faro.

Aun no nos íbamos a despedir del mar Cantábrico. Fuimos por la antigua carretera nacional que va paralela a la costa unos 19 km hasta llegar a la playa de Cadavedo. Es una carretera muy pintoresca, que en ocasiones deja ver el mar, y va serpenteando entre abundante vegetación y prados. De ven en cuando pasa junto a los gigantescos pilares que sustentan algún viaducto de la autovía A-8 que hace el mismo recorrido, camino de Galicia.

Al llegar a la playa, tenemos un fantástico chiringuito esperándonos para tomar las primeras cervezas frias del día, con vista directa al mar y los surferos que están allí metidos.

Ahora ya sí que poníamos rumbo al interior y nos despedíamos de esta mañana tan marinera que habíamos disfrutado tanto. Volvíamos a la montaña. Para ello, enfilamos hacia el sur por la nacional N-634, la antigua carretera nacional que iba desde Irún a Santiago de Compostela, antes de que se construyese la autovía A-8.

Resultó ser una carretera muy divertida y paisajística, más de lo que pensaba. Tiene bastantes curvas, y al tener buen firme y asfalto y ser ancha, resulta divertida de conducir. Parece increible que no hace tantos años, éste fuese el camino más rápido para ir desde el Pais Vasco hasta Galicia. Esta carretera la seguimos hasta La Espina, y a partir de allí fuimos ya por comarcales aún más bonitas y divertidas hasta Puente de San Martín, una pequeña aldea que tenía un bonito restaurante al pie de la carretera, junto a un rio.

Paramos allí con intención de tomar unas cervezas y seguir, pero el sitio nos gustó tanto, que nos quedamos a comer. Se llamaba "casa Tocho", y fue la mejor decisión que podíamos haber tomado. Si pensábamos que era difícil superar la comida del día anterior en Pedroveya, estábamos equivocados. Aquí también había un menú, con fabada de primero, y también dejaban el puchero para que repitas lo que quieras. Fue un auténtico banquete, muy recomendable el sitio.

La comilona fue de tal calibre, que al poco de dejar el restaurante, dirección al parque natural de Somiedo, paramos en una zona recreativa junto al rio que iba paralelo a la carretera. Un remanso de paz, con hierba y a la sombra de grandes fresnos, junto a un rio salmonero ¿Se puede pedir mejor sitio para echar una siesta de media hora?

Ya con energías renovadas, nos pusimos de nuevo en camino. No volvimos a parar hasta lo alto del puerto de la Farrapona, más o menos a unos 50 km de donde paramos a descansar. La mitad de ese trayecto, ya dentro del parque natural de Somiedo. Se trata de la región de España con mayor concentración de osos, pero ninguno se nos cruzó en la carretera.

Es una subida con bonitas vistas panorámicas en todo momento. Al llegar a la cima, hay una gran explanada para aparcar, e incluso un pequeño chiringuito, que estaba abierto. En la foto de abajo a la derecha, desde allí hacia el sur hay una buena vista de la cima de Peña Ubiña, el pico más alto de toda esa zona de la cordillera Cantábrica.

No nos sentamos a tomar nada, porque queríamos acercarnos al mirador que hace unos meses instalaron en este puerto. Hay que coger el sendero que va hacia los lagos de Saliencia, y al mirador se llega como en 400 o 500 metros de agradable paseo. Abajo podéis ver fotos de este espectacular balcón de hierro hacia el valle que habíamos recorrido para llegar hasta aquí. Desde este mirador se puede llegar a los lagos de Saliencia en un paseo de un km más, pero desgraciadamente no teníamos tiempo para eso, el sol nos avisaba de que el día estaba llegando a su fin.

En la foto de arriba a la derecha, y abajo a la izquierda, el punto donde están los lagos de Saliencia, al pie de ese pico. Una pena no haberlos visto, para otra vez. Al bajar el puerto, paramos en Pola de Somiedo a llenar depósitos, y al llegar a La Riera nos desviamos hacia el este. Subimos el pequeño puerto de San Lorenzo ya con las últimas luces del día, y en la bajada ya se nos hizo de noche.

Llegamos a San Martín, donde empieza la subida al puerto de la Ventana que subiríamos al día siguiente. Este habría sido un buen lugar para quedarnos a dormir, pero cuando reservé alojamiento no había ningún sitio aquí donde cupiésemos todos. Tuvimos que seguir aun unos km más, completamente de noche, hasta Bárzana, donde teníamos el hostal. Una vez instalados, salimos a cenar. Lo malo es que solo encontramos un bar abierto, y no era tan tarde, serian las 22:30 aproximadamente. En la terraza, pudimos tomarnos unos bocatas con unas cervezas, y luego una copa. Había sido un día muy intenso.


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