Lechones Asesinos
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Norte de Portugal


Día 2. Fecha del viaje: del 28 de Agosto al 1 de Septiembre de 2024

Puedes ver la página inicial con todos los artículos de este viaje a Galicia aquí.

Puedes ver el artículo de la primera etapa de este viaje aquí.

Recomendaciones

  • Bragança es una parada imprescindible si vais en moto por la zona. Se puede entrar con las motos en el recinto amurallado, y hay una terraza que es un sitio perfecto para tomar una cerveza o incluso comer.
  • Otro sitio que merece la pena es Chaves, especialmente los alrededores del puente romano. Junto al puente hay varios restaurantes y bares, todos tenían buena pinta. Nosotros nos comimos un bacalao buenísimo en uno de los sitios que está en la calle peatonal que va al puente.
  • Aunque a nosotros no nos dio tiempo, otra cosa que está muy bien es subir al monte de Santa Tecla con las motos para ver desde allí la puesta de sol y la desembocadura del Miño.
  • Para los interesados en el arte medieval, en el pueblo de Bande, una vez entras en Orense desde Portugal, se conserva la iglesia visigoda más escondida de España. Podéis ver un artículo aquí.

Día 2

Abajo, unas fotos del magnífico patio interior del hotel, a donde daban nuestras habitaciones. La Hostería Real de Zamora, es un hotel ubicado en el llamado Palacio de la Inquisición, edificio Renacentista del Siglo XVI. Sin duda, un sitio magnífico donde alojarse en Zamora. Y si vais en moto, podéis dejarlas justo enfrente, en la misma calle, como podéis ver en las fotos de más abajo.

El desayuno en la hostería estuvo genial, y enseguida estábamos preparando las motos para empezar la ruta del día. Fuimos por la N-122 directos hasta la frontera con Portugal. Si vais con tiempo, en esta carretera al poco de dejar Zamora atrás, hay un desvio para ir a la iglesia visigoda mejor conservada de España, la iglesia de San Pedro de la Nave. Poco antes de llegar a la frontera, en vez de pasar por el puente moderno, nos salimos de la carretera principal para pasar por el pueblo de San Martín del Pedroso y el antiguo puente que hacía de frontera, donde aún se conservan los edificios de las antiguas aduanas.

Desde allí, en un tramo similar al que habíamos hecho, llegamos a Bragança (en total, unos 100 km desde Zamora). Fuimos directamente hasta el castillo, es posible entrar con las motos al interior del recinto amurallado, y allí hay una terraza que es un lugar inmejorable para hacer un alto en el camino, con las estupendas vistas del castillo además.

El castillo es espectacular, especialmente su altiva y esbelta torre del homenaje, como podéis ver en las fotos de abajo. Fue levantado en el siglo XII por el rey Sancho I, y hoy alberga un museo militar.

Abajo, disfrutando de nuestras primeras cervezas Super Bock en Portugal, y a la sombra, que hacía calor. Detrás se puede ver otro de los edificios históricos que hay en este recinto amurallado. Se trata de la Domus Municipalis, el único edificio románico civil de Portugal, construido con forma octogonal y sillares de granito y pequeñas ventanas en todo su perímetro. Se piensa que fue un lugar de reunión.

Tocaba seguir viaje, ya íbamos mal de tiempo. El siguiente tramo hasta Chaves, de 96 km por una carretera comarcal de montaña con bastantes curvas, lo hicimos del tirón con una breve parada en mitad del camino para estirar un poco las piernas. Es una carretera muy pintoresca y divertida de conducir, con buen asfalto, que atraviesa el parque natural de Vinhais durante la primera mitad del recorrido. El paisaje, como podéis ver en las fotos de abajo, es campestre y muy mediterráneo. Hacía bastante calor.

Y llegamos a Chaves, una bonita ciudad que fue fundada por los romanos, debido a las aguas termales que brotan allí. De esa época queda el espectacular puente que cruza el rio Tamega, aunque ha sido reconstruído varias veces a lo largo de los siglos.

Aparcamos las motos justo donde empieza la corta calle peatonal que lleva al puente romano, como podéis ver en las fotos de abajo. En esa calle hay varios restaurantes, y allí fue donde miramos para buscar un sitio donde comer.

Antes de comer, echamos un vistazo al puente romano. Como se puede leer en la columna cilíndrica de granito que se conserva sobre el puente, fue mandado construir por Trajano en el siglo II d.C.

Arriba, comiendo un buen plato de bacalao en uno de los restaurantes que había junto al puente. Abajo, tomando el café después ya en terraza, un fantástico sitio a la sombra (hacía calor) y con buenas vistas hacia el puente y el rio. La dura vida del motero...

Desde Chaves cogimos la carretera comarcal que va hacia Montalegre, entrando de lleno en el territorio del parque nacional de Peneda-Geres, el único parque nacional de Portugal. A la altura de ese pueblo, Montalegre, hicimos una parada para echar una cabezadita, que entre el calor y la comilona, estaba entrando el sueño. En la zona donde paramos había una zarza con mogollón de moras maduras, me di un buen banquete.

Pasamos la frontera por una carreterilla olvidada, pasado el pueblo de Tourem, en la que ni siquiera había señal que indicara que cambiábamos de pais, y más adelante, antes de llegar a Bande, en Orense, hicimos una parada en un saliente de la carretera, en mitad del bosque.

Se nos estaba haciendo tarde... el plan original era llegar a ver la puesta de sol en lo alto del monte de Santa Tecla, ya en A Guarda, donde íbamos a dormir, pero estaba claro que no lo íbamos a conseguir. Demasiadas cosas para un solo día.

Al llegar a Cevide desde Bande, fuimos por la carretera que va paralela al rio Miño, por el lado portugués, hasta llegar a Valença, ya de noche, donde hicimos una parada para tomar una cerveza en un bar que está justo antes del puente de hierro que cruza el rio Miño, y que es el último punto donde poder cruzar el rio antes de la desembocadura.

Y ya desde ese puente hasta nuestro hotel en A Guarda, 29 km más que se hicieron un poco largos. Una vez instalados en el hotel, salimos rápido a cenar, porque ya era un poco tarde. Bajamos dando un paseo al puerto, que estaba muy cerca, y por suerte había un restaurante con terraza donde nos dieron de cenar. Tuvimos suerte, porque acabamos cenando realmente bien en terraza y con vistas al puerto. Luego, justo enfrente había un bar también con terraza, y cambiamos de sitio para tomarnos la copa antes de ir a dormir. Había sido un día muy largo.


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